La salud mental en los centros educativos es un tema que cada vez preocupa más a los departamentos de enseñanza. El aumento de la conciencia sobre los trastornos mentales en estos entornos ha desencadenado la adaptación de los currículos educativos, siguiendo el modelo de escuela inclusiva.
Sin embargo, ha surgido una tendencia relacionada con las múltiples adaptaciones curriculares: la sobrediagnosticación de enfermedades mentales en los estudiantes. Esto ocurre cuando cualquier alteración conductual se interpreta como un posible trastorno mental, debido a la inadaptación del estudiante en el centro educativo al que pertenece.
Esta sobrediagnosticación puede tener consecuencias negativas tanto para los estudiantes como para el entorno educativo y familiar. Esta tendencia viene precedida por diferentes factores, como la presión por detectar posibles problemas de salud, la falta de profesionales de salud mental en los centros educativos y la escasa preparación o formación especializada del personal docente.
Todos estos factores contribuyen a diagnosticar trastornos mentales a partir de conductas atípicas, como la hiperactividad, la tristeza o la ansiedad, considerándolas síntomas de estos trastornos, cuando en realidad pueden ser respuestas normales ante situaciones emocionales, familiares o sociales.
Además, la creciente sensibilización sobre los trastornos mentales hace que tanto las familias como los docentes busquen respuestas rápidas ante comportamientos disfuncionales, sin tener en cuenta la complejidad de las diferentes situaciones que afectan al comportamiento infantil.
La sobrediagnosticación puede tener consecuencias negativas para los jóvenes. En primer lugar, después de un diagnóstico de trastorno mental, se suelen recomendar tratamientos basados en terapias mal dirigidas o en medicamentos que pueden alterar el estado de ánimo y causar efectos secundarios no deseados. Esto puede retrasar el abordaje de otros problemas emocionales o psicológicos que requieren otro tipo de atención.
Hay que destacar que la etiqueta adjudicada a los alumnos diagnosticados con algún trastorno mental afecta su autoestima y su integración dentro del centro escolar. El etiquetado puede provocar confusión y una falta de conciencia sobre las propias emociones.
Es importante que los diagnósticos de trastornos mentales en los centros educativos se realicen de forma rigurosa y precisa. Para ello, es fundamental que los profesionales de la salud mental realicen una evaluación completa, teniendo en cuenta no solo los síntomas, sino también el contexto social y familiar del estudiante.
Para abordar esta tendencia creciente, es necesaria la colaboración entre los diferentes agentes que intervienen en el desarrollo de los alumnos. La comunicación es esencial para realizar un diagnóstico correcto y abordar adecuadamente los distintos problemas que puedan presentarse en edades tempranas. Un enfoque más integral y colaborativo puede apoyar a los alumnos sin caer en diagnósticos erróneos, promoviendo así un entorno saludable para su desarrollo.







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