El drama por las acciones cometidas por Hamás el 7 de octubre no terminó ese día. Más de 130 israelíes siguen secuestrados en la Franja de Gaza, muchos cientos están de luto y la perspectiva de un ataque similar mantiene en vela a todas las familias israelíes.
Sin embargo, la ofensiva en curso en Gaza, aparentemente destinada a desmantelar las redes de militantes y hacer imposible la repetición del ataque de Hamás, no promete ofrecer ninguna seguridad a los israelíes ni a sus vecinos. Se ha prolongado sin final a la vista, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, insiste ahora en que quiere mantener una ocupación indefinida de la Franja de Gaza.
El escandaloso número de civiles palestinos muertos, que según el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, superó los 25.000 a finales de febrero, ha llevado incluso al presidente estadounidense, Joe Biden, a presionar a Netanyahu para que actúe con moderación y garantice que las operaciones militares de Israel se ajustan a los principios básicos de la guerra justa y el derecho internacional.
Israel afirma que está haciendo todo lo que está en su mano para minimizar las víctimas civiles en Gaza, que mantiene complejos procedimientos de selección de objetivos destinados a garantizar que cualquier ataque militar sea proporcionado y no mate a un número excesivo de civiles. «El ejército», insistió Netanyahu en octubre, «es el ejército más moral del mundo». Cuando se le presionó sobre la cuestión de las muertes palestinas en noviembre, Netanyahu dijo: «Cualquier muerte de un civil es una tragedia. Y no deberíamos tener ninguna porque estamos haciendo todo lo posible para sacar a los civiles del peligro ….. Eso es lo que intentamos hacer: minimizar las víctimas civiles».
En realidad, Israel no está haciendo eso. Ha llevado a cabo una campaña brutal en Gaza, respetando sólo vagamente los protocolos que se supone que deben seguir sus fuerzas armadas para minimizar las muertes de civiles. Pero incluso esas directrices son insuficientes: una investigación de campañas anteriores en Gaza revela la inadecuación de las directrices israelíes sobre objetivos, que no frenan realmente las víctimas civiles. En la última ronda de combates en Gaza, Israel no ha respetado ni siquiera esas restricciones, lo que ha provocado una devastación incalculable y ha dificultado aún más la resolución del conflicto.








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