Rafá es una ciudad situada en el extremo sur de la Franja de Gaza, cerca de la frontera con Egipto. Históricamente, ha sido un importante punto de cruce para personas, bienes y, en tiempos de conflicto, para armas. La ciudad ha sido testigo de numerosos conflictos en el marco del prolongado enfrentamiento entre Israel y Palestina, lo que ha resultado en significativas dificultades económicas y humanitarias para sus habitantes. Rafá, dividida en dos por la frontera, tiene una contraparte egipcia del mismo nombre. La región es conocida por sus túneles subterráneos, algunos de los cuales se han utilizado para el contrabando de bienes y armas. A lo largo de los años, Rafá ha sido objeto de numerosas operaciones militares y ha sufrido debido a bloqueos impuestos por Israel, con el objetivo de restringir el movimiento de militantes y armamentos. Estas acciones han tenido un impacto profundo en la vida cotidiana de los residentes, afectando el acceso a servicios básicos, la economía local y la infraestructura.
El conflicto entre Israel y Palestina ha escalado una vez más, llevando a una intensa ofensiva en la región de Gaza. En medio de crecientes preocupaciones internacionales por las consecuencias humanitarias de esta escalada, el Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha tomado una postura firme, presionando al Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para detener la ofensiva. Este artículo explora las dinámicas detrás de la presión ejercida por Biden, la respuesta de Netanyahu, y las implicaciones más amplias para la región y las relaciones internacionales.
La población censada de la localidad era de unas 130.000 personas antes de la guerra con Israel. Actualmente se calcula que viven mas de un millón y medio de almas en una superficie de apenas 150 kilómetros cuadrados. El hacinamiento existente está provocando la proliferación de epidemias y problemas de salubridad en el día a día. Una ofensiva israelí será catastrófica para los ciudadanos gazatís allí refugiados y un agudizamiento insoportable del drama humano.
Durante la mayor parte de la vida política del Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, la sabiduría convencional ha sostenido que no hay ningún beneficio, y sí un enorme riesgo, en ponerse duro con Israel. Pero ya no es tan sencillo. Tras más de cinco meses de guerra devastadora en la Franja de Gaza, no actuar con dureza también entraña un gran riesgo. La inmensa mayoría de los estadounidenses consideraron horrible el ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre, pero muchos ven ahora la respuesta militar de Israel como «exagerada». A finales de enero, la mitad de los estadounidenses pensaba que la campaña militar israelí había «ido demasiado lejos», según una encuesta del Centro de Investigación de Asuntos Públicos Associated Press-NORC
Biden aún no se ha mostrado dispuesto a desafiar a Israel de forma significativa, pero hay indicios de que está cada vez más frustrado con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. En febrero, allegados al presidente dijeron a NBC News que Netanyahu le está «dando caña». El 10 de marzo, Biden dijo que la estrategia militar de Netanyahu estaba «perjudicando a Israel más que ayudándole». Netanyahu se ha quejado de los llamamientos cada vez más públicos de Biden a la moderación, ha rechazado las reiteradas peticiones del presidente de que se abra el flujo de ayuda humanitaria y ha rechazado de plano los llamamientos a apoyar incluso una vaga vía hacia una eventual solución de dos Estados
Contexto Político y Geopolítico
El conflicto Israel-Palestina tiene raíces profundas, extendiéndose a lo largo de décadas de historia marcadas por la lucha por el territorio, reconocimiento político y derechos humanos. Estados Unidos históricamente ha jugado un papel crucial, a menudo posicionándose como un aliado clave de Israel mientras intenta facilitar negociaciones de paz. Sin embargo, la situación política tanto en Israel como en Estados Unidos ha experimentado cambios significativos, influenciando las dinámicas actuales del conflicto.
El apoyo del presidente a la invasión israelí de Gaza ha alienado a gran parte de la base electoral de Biden, incluidos los jóvenes, los progresistas, los estadounidenses de origen árabe, los musulmanes y quienes se preocupan profundamente por los derechos humanos.
Acciones y Declaraciones de Biden
El Presidente Biden ha utilizado una combinación de diplomacia pública y comunicaciones privadas en su intento de moderar la ofensiva israelí. A través de declaraciones públicas y llamadas directas a Netanyahu, Biden ha expresado su preocupación por las pérdidas civiles y ha urgido a una desescalada. Analizaremos las posibles razones detrás de esta postura, incluyendo presiones internas y externas, y las expectativas de la administración Biden respecto al conflicto.
Desde febrero, Biden ha sido cada vez más contundente en sus críticas a la campaña de Netanyahu en Gaza, pidiendo a Israel que aumente la ayuda humanitaria, limite la escala de sus operaciones militares y tome más medidas para reducir las víctimas civiles. Pero para dar más peso a estas exigencias, Biden podría poner punto final a las negociaciones con Netanyahu desde el Despacho Oval en un discurso televisado en horario de máxima audiencia. Si lo hace, debería dejar claro que su reproche va dirigido al gobierno de extrema derecha de Israel, no a su pueblo. Esto podría aumentar la presión sobre Netanyahu dentro de Israel para que modere sus posiciones. Y lo que es más importante, ese discurso sentaría las bases para que los estadounidenses comprendieran los próximos movimientos de Biden. Ponerse duro con Israel puede ser políticamente tóxico, pero ponerse duro con Netanyahu no lo es.
En febrero, por ejemplo, una resolución del Consejo de Seguridad que exigía un alto el fuego en Gaza obtuvo los votos de casi todos los miembros, incluidos aliados de Estados Unidos como Francia, Japón y Corea del Sur, pero fue derrotada por el veto de Estados Unidos. Biden podría cambiar esta práctica sin un compromiso político específico. Sólo tendría que aplicar a Israel las mismas normas que Estados Unidos aplica a otros socios. Washington no veta automática e incondicionalmente las resoluciones que critican a cualquier otro aliado. No tiene por qué hacerlo con Israel. Para marcar ese pivote, Biden podría apoyar una resolución del Consejo de Seguridad que pidiera un alto el fuego en Gaza y que Israel permitiera el libre flujo de ayuda humanitaria a través del paso fronterizo de Rafah. Esta medida evitaría que miles de gazatíes más fueran víctimas de las bombas y de la falta de alimentos, agua y medicinas
Respuesta de Netanyahu y el Gobierno Israelí
Frente a la presión internacional, Netanyahu ha defendido las acciones de Israel como necesarias para su seguridad. Este segmento del artículo detallará la postura del gobierno israelí, explorando cómo esta situación afecta la política interna israelí y la posición de Netanyahu dentro de su propio país. Debido a la dependencia del partido de Netanyahu de los votos de a extrema derecha para continuar sosteniendo su gobierno es poco probable que ceda en la totalidad de peticiones que desde la comunidad internacional le lanzan. La pregunta es: ¿hasta cuando aguantará la coalición de gobierno esta situación?.
Las voces que dentro de Israel exigen unas elecciones legislativas inmediatas van aumentando en número y tono deslegitimizando así el actual gobierno y, lo que es más importante, las decisiones que están tomado dirigiendo el conflicto gazatí.
Implicaciones y Repercusiones Internacionales
Las acciones de Biden y las respuestas de Netanyahu no ocurren en el vacío; tienen profundas implicaciones para las relaciones internacionales, la percepción global de Estados Unidos e Israel, y el futuro del conflicto Israel-Palestina. Este segmento evaluará las reacciones internacionales y considerará cómo la actual escalada podría influir en futuros esfuerzos de paz.
El 29 de enero, David Cameron, ministro de Asuntos Exteriores británico, sugirió que el Reino Unido podría reconocer unilateralmente la condición de Estado de Palestina. Dos semanas más tarde, el presidente francés Emmanuel Macron dijo de manera similar: «Reconocer un Estado palestino no es un tabú para Francia. Estos actos públicos, escenificados con la clara intención de presionar a Israel, solo son una muestra de que la opinión pública internacional (y por lo tanto los gobiernos de la que dependen) quiere una solución que no pase por una ofensiva en Rafá que generaría una catástrofe humanitaria ya mayor de que la que se vive actualmente.
Conclusión
La presión de Biden sobre Netanyahu para detener la ofensiva en Gaza marca un momento crítico en el largo conflicto entre Israel y Palestina, así como en las relaciones entre Estados Unidos e Israel. Mientras el mundo observa, las decisiones tomadas ahora podrían tener repercusiones duraderas en la búsqueda de paz y estabilidad en la región.







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