El ayatolá Ebrahim Raisi, falleció en un accidente aéreo el 20 de mayo. Raisi se encontraba en una visita oficial en Azerbaiyán, donde inauguró una presa junto al presidente azerí, Ilham Aliyev, simbolizando una mejora en las relaciones entre Bakú y Teherán y subrayando la importancia del agua en la política exterior iraní. El helicóptero de Raisi, en el que también viajaban el ministro de Asuntos Exteriores, Hossein Amir-Abdollahian, y el gobernador de la provincia iraní de Azerbaiyán Oriental, Malek Rahmati, se estrelló debido a malas condiciones meteorológicas en una región montañosa de difícil acceso. Ninguno de los ocupantes sobrevivió.
Tras el accidente, se lanzó una operación de rescate que involucró a Irán, Azerbaiyán, Turquía y Rusia. Un dron turco localizó los restos del helicóptero, confirmando la muerte de todos a bordo.
Según la legislación iraní, se nombrará un presidente provisional hasta las próximas elecciones, en 50 días. Estas elecciones previsiblemente se realizarán en un contexto de baja participación y cuestionamiento de la legitimidad del régimen, similar a las elecciones anteriores marcadas por la exclusión de candidatos moderados. La reciente victoria del ala dura en las elecciones parlamentarias con una participación históricamente baja, del 40%, presagia un escenario similar para las elecciones presidenciales.
En el ámbito internacional, la muerte de Raisi no alterará significativamente la estrategia de Irán ni su postura en Gaza, ya que el Líder Supremo Jamenei sigue siendo el principal tomador de decisiones. Sin embargo, la muerte de Raisi tiene importantes implicaciones internas. Jamenei, de 85 años y con problemas de salud, ha centrado sus esfuerzos en garantizar la continuidad del régimen tras su muerte, desplazando a los moderados del poder desde la salida de Rohaní en 2021. Raisi era una figura clave y uno de los favoritos para suceder a Jamenei. Con su fallecimiento, Mojtaba Jamenei, hijo del Líder Supremo, surge como el principal candidato para suceder a su padre.
El proceso de sucesión, ya incierto antes del accidente, se vuelve aún más complejo. Se anticipa una intensificación de la competencia y la tensión dentro del ala dura del régimen para ocupar el puesto de Presidente y posicionarse para suceder al Líder Supremo. Mientras tanto, Jamenei continuará liderando el proceso en un contexto de creciente descontento popular y una situación geopolítica complicada. El desafío de Jamenei será mantener la estabilidad del régimen y dirigir una transición ordenada en medio de estas turbulencias.







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