Las fronteras coloniales tienen una cualidad peculiar: no desaparecen cuando el imperio se retira. Permanecen como cicatrices sobre el mapa, líneas rectas sobre geografías que jamás fueron rectas, recordatorios de decisiones tomadas lejos del polvo que luego se levantaría sobre ellas. La Línea Durand —esa delimitación trazada en 1893 por la administración británica— es una de esas cicatrices que no termina de cerrar.

Durante más de un siglo ha sido frontera oficial y, al mismo tiempo, frontera discutida. Ha sido línea diplomática y zona tribal. Ha sido mapa y herida. Y hace apenas unas semanas volvió a recordarle a la región que no es un simple trazo histórico, sino un nervio vivo.

La reciente escalada entre Pakistán y Afganistán —con bombardeos transfronterizos, enfrentamientos en pasos fronterizos y acusaciones mutuas sobre insurgencia y terrorismo— no es un episodio aislado. Es la reactivación de una tensión que nunca estuvo completamente dormida. La diferencia es que ahora la región observa con menos paciencia y más inquietud.

Para entender lo que ocurre hoy, conviene volver al origen.

Cuando el Imperio británico dibujó la Línea Durand, no pretendía separar Estados nacionales coherentes; buscaba administrar zonas de influencia. Dividió comunidades pastunes que no entendían de cartografía imperial. Lo que para Londres fue un acuerdo práctico, para las tribus fue una partición invisible que atravesaba montañas, familias y lealtades.

Cuando Pakistán nació en 1947, heredó esa línea. Afganistán nunca la aceptó plenamente como frontera internacional definitiva. Desde entonces, la relación bilateral ha estado marcada por esa ambigüedad fundacional: Pakistán exige reconocimiento de su soberanía territorial; Afganistán mantiene una reserva histórica que nunca se ha resuelto del todo.

El problema no es meramente técnico. Es identitario.

Los pastunes constituyen uno de los principales grupos étnicos de Afganistán, pero también una parte sustancial de la población pakistaní en Khyber Pakhtunkhwa. La frontera no separa solo Estados; divide continuidad cultural. Y cuando una frontera corta identidad, la estabilidad requiere más que alambradas.

Pakistán, consciente de su vulnerabilidad estratégica frente a India en el este, ha considerado tradicionalmente su frontera occidental como espacio que debe permanecer bajo control o, al menos, bajo influencia. De ahí surgió durante décadas la doctrina de la “profundidad estratégica”: un Afganistán amigable impediría un cerco geopolítico.

En los años noventa, esa lógica llevó a Islamabad a apoyar el ascenso de los talibanes. Un régimen afín en Kabul parecía garantía de estabilidad. Pero la historia rara vez obedece los planes diseñados en despachos.

Tras la caída del régimen talibán en 2001 y dos décadas de guerra bajo presencia estadounidense, el retorno de los talibanes al poder en 2021 parecía, en apariencia, favorable para Pakistán. Muchos en Islamabad pensaron que la afinidad ideológica se traduciría en alineamiento político.

No ocurrió exactamente así.

Los talibanes afganos no son una extensión de la política pakistaní. Son un movimiento con lógica propia, marcado por nacionalismo, autonomía tribal y necesidad de legitimidad interna. Y, sobre todo, su territorio se ha convertido nuevamente en espacio de tensión.

El resurgimiento del Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), grupo insurgente que opera contra el Estado pakistaní desde zonas fronterizas afganas, ha devuelto la violencia a la agenda bilateral. Islamabad acusa a Kabul de tolerar o no controlar a estos militantes. Kabul responde denunciando violaciones de soberanía y bombardeos en su territorio.

Hace pocas semanas, esa tensión se materializó en ataques directos, cierres de pasos fronterizos y declaraciones cargadas de advertencias. Pakistán habló de seguridad nacional. Afganistán habló de dignidad soberana. Ambos hablaron de defensa.

La retórica importa.

Pakistán construye su discurso en torno a la lucha contra el terrorismo. Se presenta como Estado que ha pagado un alto precio en vidas y estabilidad por la violencia extremista. En esa narrativa, la frontera debe ser sellada, vigilada, protegida. Las vallas y las operaciones militares son medidas necesarias frente a amenazas reales.

Afganistán, por su parte, invoca una historia más larga. La Línea Durand no es aceptada formalmente por el régimen talibán como frontera incuestionable. Cada infraestructura fronteriza es percibida como consolidación unilateral de una herencia colonial. En su discurso, el problema no es la insurgencia, sino la presión de un vecino que intenta imponer límites históricos nunca plenamente reconocidos.

Ambos relatos son coherentes dentro de su lógica interna. Y ambos chocan.

Lo que está en juego no es solo el control de milicianos, sino la definición misma de soberanía. ¿Es la Línea Durand frontera cerrada o cicatriz abierta? ¿Es cuestión de seguridad inmediata o de legitimidad histórica?

La escalada reciente ha demostrado que la estabilidad regional es más frágil de lo que parecía tras la retirada estadounidense. Afganistán enfrenta aislamiento internacional, crisis económica y reconocimiento diplomático limitado. Pakistán atraviesa tensiones internas, desafíos económicos y amenazas insurgentes crecientes. Ambos gobiernos operan bajo presión.

Y cuando los gobiernos operan bajo presión, la frontera se convierte en válvula de escape retórica.

La región más amplia observa con atención. India evalúa cada movimiento con mirada estratégica. China, con inversiones significativas en el Corredor Económico China-Pakistán, mide los riesgos de inestabilidad. Irán y Asia Central siguen el pulso con cautela. Lo que parece un conflicto periférico tiene implicaciones que superan la montaña.

Lo notable es que, a diferencia de las guerras declaradas, este conflicto nunca termina del todo. No hay tratado final, no hay ceremonia de reconciliación. Hay episodios de tensión, periodos de calma tensa, recrudecimientos puntuales. Es una fricción permanente.

Quizá esa sea la verdadera herencia de las fronteras coloniales: no guerras totales, sino inestabilidades crónicas.

La Línea Durand no es solo una frontera física; es frontera simbólica. Representa el choque entre Estado moderno y estructura tribal, entre cartografía imperial y continuidad cultural, entre seguridad contemporánea y memoria histórica.

La reciente escalada no inaugura un conflicto nuevo; reactiva uno antiguo. Y mientras no exista acuerdo definitivo sobre la legitimidad de la línea y sobre la gestión conjunta de la insurgencia, la tensión seguirá latente.

En el mapa, la frontera es una línea. En la realidad, es un espacio de ambigüedad.

Y las ambigüedades, cuando se combinan con armas y memoria, rara vez producen silencio duradero.

Published by

Categories:
  • Ayoub Ghadfa consigue medalla en las Olimpiadas de París 2024

    Ayoub Ghadfa consigue medalla en las Olimpiadas de París 2024

    El mundo del boxeo siempre ha estado lleno de historias de jóvenes talentosos que luchan por alcanzar la grandeza. Uno de esos nombres que ha comenzado a resonar en el ámbito internacional es Ayoub Ghadfa, un boxeador que está marcando su camino con determinación y habilidad en el cuadrilátero. Ayoub Ghadfa, originario de Marruecos, ha… Read more

  • ¿Qué sucede en Bangladesh?

    ¿Qué sucede en Bangladesh?

    Desde principios de julio, los estudiantes de Bangladesh han estado protestando y bloqueando las principales carreteras, manifestándose contra una ley de cuotas que data de 1971. Esta norma, introducida por Sheikh Mujibur Rahman, el padre fundador de Bangladesh, reserva un porcentaje significativo de los empleos en el servicio civil para ciertos grupos, no en función… Read more

  • Mohamed VI cumple 25 años reinando Marruecos

    Mohamed VI cumple 25 años reinando Marruecos

    El 30 de julio de 2024, Marruecos celebra el 25 aniversario de la ascensión al trono del rey Mohamed VI, un hito significativo en la historia contemporánea del país. Mohamed VI, quien sucedió a su padre, el rey Hassan II, en 1999, ha sido una figura clave en la modernización y el desarrollo de Marruecos… Read more

  • Hamás anuncia que su líder Ismail Haniya ha sido asesinado en Teherán

    Hamás anuncia que su líder Ismail Haniya ha sido asesinado en Teherán

    El miércoles, la organización palestina Hamás anunció el fallecimiento de su máximo líder político, Ismail Haniya, conocido también como “Abu Al-Abd”, en un ataque aéreo israelí ocurrido en Teherán. Haniya había llegado a la capital iraní el martes para asistir a la toma de posesión del presidente iraní Masoud Pezeshkian, quien ganó las elecciones a… Read more

  • «¿Cuántos civiles han muerto? Prácticamente ninguno»

    «¿Cuántos civiles han muerto? Prácticamente ninguno»

    Estas son las palabras pronunciadas por Netanyahu, el actual dirigente de Israel, las cuales fueron recibidas con aplausos de la mayoría de los presentes en el Congreso de Estados Unidos. «Prácticamente ninguno» es la definición de una cifra de 40.000 civiles asesinados hasta el momento? Al parecer según Netanyahu, si, y es respaldada y aplaudida… Read more

  • Fallece el ayatolá Ebrahim Raisi

    Fallece el ayatolá Ebrahim Raisi

    El ayatolá Ebrahim Raisi, falleció en un accidente aéreo el 20 de mayo. Raisi se encontraba en una visita oficial en Azerbaiyán, donde inauguró una presa junto al presidente azerí, Ilham Aliyev, simbolizando una mejora en las relaciones entre Bakú y Teherán y subrayando la importancia del agua en la política exterior iraní. El helicóptero… Read more

Deja un comentario